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¿La política fiscal y la salud pública tienen conexión?

por  MARIO JUAN RAPISARDA(*)

Contador Público Nacional de la UNLZ, especialista en temas tributarios. E-mail: mjrapisarda8@gmail.com.
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¿La política fiscal y la salud pública tienen conexión?

El proyecto de reforma tributaria que trajo finalmente la ley 27430 preveía un incremento del impuesto interno a las bebidas gaseosas azucaradas para intentar desincentivar su consumo.

Existen estudios que indican que Argentina se ha transformado en los últimos años en el mayor consumidor de bebidas azucaradas en el mundo, con un consumo por habitante cercano a los 130 litros por año.

El Ministerio de Salud ha recomendado reducir el consumo de estas bebidas que aportan grandes cantidades de calorías vacías al organismo, ya que pueden producir importantes consecuencias en la salud como la obesidad, la diabetes y perjuicios en las piezas dentarias.

El ministro de Hacienda cuando el 30/10/2017 presentaba ante la prensa los lineamientos del proyecto de reforma tributaria a ser tratadas por el Congreso de la Nación señalaba "vamos a aumentar los impuestos internos para las bebidas gaseosas azucaradas, también en consonancia con recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud"

Luego durante el trámite parlamentario en el Congreso de la Nación este incremento de impuesto fue dejado sin efecto por una serie de motivos, entre los que no puede descartarse el replanteo de inversiones que estudiaban las empresas productoras de gaseosas ante el nuevo escenario que se proponía, y las derivaciones que se desprendían en las economías de las provincias productoras de frutas para gaseosas y de azúcar.

Nuestro país ha transitado durante muchos años el camino de crear impuestos o aumentar alícuotas con el único objetivo de cubrir el déficit fiscal sin tomar una real dimensión del efecto que los nuevos impuestos o los incrementos de alícuotas producían en la economía y en el desenvolvimiento económico del país.

Por ello las urgencias presupuestarias en materia tributaria muchas veces han opacado o condicionado el horizonte a largo plazo.

Sin embargo quizás deba plantearse que las políticas tributarias en casos como este, no deben solamente abarcar el análisis de la masa de tributos que se relegan para supuestamente conservar una determinada actividad económica o nivel de empleo, sino ¿qué efecto tiene esta medida a largo plazo en la salud de la población y las consecuencias económicas que en el futuro deberá soportar el sistema público de salud ante ciertas patologías que podrían ser evitables?

Porque para atender un mayor gasto del sistema público de salud se debe contar con mayores recursos tributarios, y si a largo plazo se gastara menos en salud porque la población es más saludable, también podremos tener menos impuestos o redireccionar recursos para otras inversiones.

Quizás nuestros legisladores deban retomar la problemática de cómo reducir el consumo de bebidas azucaradas en la población, porque las erogaciones del estado son la contracara de los recursos tributarios que hacen falta para el funcionamiento del estado y ambas cosas están íntimamente ligadas.

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