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El IVA, las tarifas y la competitividad

por  MARIO JUAN RAPISARDA

Contador Público Nacional de la UNLZ, especialista en temas tributarios, siendo su mail mjrapisarda8@gmail.com.
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El IVA, las tarifas y la competitividad

En un contexto de recomposición o aumento del valor de las tarifas de agua, luz y gas como el que está atravesando nuestra economía, surge naturalmente un aumento de costos que las empresas que soportan esas tarifas en sus procesos productivos deben trasladar a los precios para absorber el mayor valor de las mismas.

Sin embargo en el caso de sujetos que son Responsables Inscriptos el mayor valor del impuesto al valor agregado "por sí mismo" no tiene incidencia en dichos costos por un lado porque se trata de un impuesto trasladable, y por otra parte porque todo el impuesto que se abona al momento de pagar un insumo pasa a ser un crédito fiscal que se descuenta del impuesto que genera con sus ventas el propio agente económico (el impuesto que se paga cuando se compra se restará del impuesto que generen las ventas produciéndose solamente un efecto financiero si los precios de venta pudieran mantenerse constantes. Pero aquí hay que reconocer que determinados niveles de incremento en las tarifas necesariamente mueven los precios a la suba)

Esto ocurre con las empresas que son responsables inscriptas en el IVA, ¿pero qué ocurre con los consumidores finales? Ellos ven incrementada la tarifa y no les queda otro remedio que absorber el costo de la misma, pero también deben soportar el incremento del impuesto al valor agregado que se genera por el aumento de la tarifa porque el consumidor final a diferencia de las empresas es el destinatario del impuesto y no puede trasladarlo

Entonces esos destinatarios del impuesto pretenderán con cierto grado de legitimidad acomodarse al nuevo contexto intentando cubrirse de los efectos económicos del mismo.

Por ejemplo los empleados en relación de dependencia (que también son un costo para las empresas) querrán mantener el poder de compra de sus salarios por lo que en sus reclamos considerarán la incidencia de las tarifas de gas, luz y agua que soportan y los impuestos que ellos acarrean.

Y aquí es donde confluyen en tensión las variables de la recaudación impositiva y su coparticipación, la rentabilidad de las empresas de agua, luz y gas, y la competitividad,.. pero no sólo de las citadas empresas sino de la economía en general.

Y la discusión entra en un punto álgido de conflicto cuando reconocemos que no es posible vivir sin utilizar los citados servicios sumado a que cierta parte de la población se encuentra bajo la línea de pobreza, entonces hay que buscar una posible solución donde cada uno pierda lo menos posible y un aumento de los costos no nos haga perder competitividad

Según datos oficiales de la recaudación de Abril de 2018 el 5% de la recaudación del IVA está representado por lo que aportan los servicios públicos, y este ítem viene creciendo más que el doble de lo que crece el IVA en distintos sectores de la economía.

Entonces quizás sea posible cuando se trata de consumidores finales, que exista un determinado nivel de consumo mínimo de subsistencia que se encuentre exento de IVA, superado dicho umbral que exista una banda de consumo que se encuentre gravada al 10,5% y superada ésta los consumos "que representarían un excesivo confort" se encuentren alcanzados por la alícuota del 21%.

De esa manera al lograr segmentar los consumos, se incentivaría al ahorro y se mitigaría el efecto económico que en la puja distributiva del ingreso tiene un impuesto aplicado linealmente sobre un insumo que no resulta posible dejar de consumir.

Además no resulta lógico cobrar un impuesto por un lado y otorgar un subsidio por el otro, estos efectos deben tender a compensarse buscando un adecuado punto de equilibrio.

También debe ahondarse el esfuerzo por conocer la verdadera incidencia que en la recaudación tendría eximir o reducir la alícuota del impuesto para determinados niveles de consumo familiar, porque muchas veces se mencionan cifras sin el adecuado análisis.

Y por último no debe soslayarse que aquello que "en principio se pierde de la recaudación" puede tener un efecto más beneficioso en la misma por el efecto que este alivio tiene en los costos de la economía, la competitividad y el consumo.