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¿El problema de fondo es el déficit fiscal?

ANDRÉS CAPPA y MARTÍN HARRACÁ

Miembros del OCEPP (Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas).

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Presidente Mauricio Macri y directora del FMI, Christine Lagarde

Presidente Mauricio Macri y directora del FMI, Christine Lagarde

Luego de la repentina fuga de capitales y la segunda gran devaluacion de la gestión Cambiemos en dos años y medio de gobierno, pareciera ser que hubo un repentino “aprendizaje” por parte del oficialismo, arribando al consenso que, ahora sí, debe hacerse un profundo y postergado ajuste fiscal. No obstante, pocos han sido los esfuerzos por explicar cómo se llega a esta conclusión, es decir, cómo se conecta el deficit fiscal con la reciente devaluación.

Al anunciar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el ministro de Hacienda, Nicolas Dujovne, afirmó que el crédito “va a permitir seguir recorriendo el camino hacia el equilibrio fiscal y desterrar el problema que tiene la Argentina de gastar más de lo que tiene”. Una y otra vez el gobierno realiza declaraciones que no distinguen el déficit fiscal del déficit externo. Sin embargo, resulta importante remarcar que el gasto del Estado se financia en pesos, no en dólares. ¿Para qué se usaron los dólares que engrosaron las reservas del Banco Central? Naturalmente, para financiar la demanda de dólares: la fuga de capitales que experimentamos durante la reciente corrida cambiaria.

El puente entre lo fiscal y lo externo

Pero más allá de la (intencional o no) confusión entre déficit en pesos y en dólares, la clave de la visión del Gobierno y el FMI está, justamente, en cómo se establece un puente entre lo fiscal (brecha en pesos) y lo externo (brecha en dólares). En este sentido, en el informe sobre la Consulta del Artículo IV correspondiente a 2017, el FMI afirma: “Una mayor demanda interna transformó el superávit comercial en déficit e incrementó el déficit en cuenta corriente. (…) Los directores [del FMI] coincidieron en que un menor déficit fiscal reduciría las vulnerabilidades externas, generaría credibilidad y ayudaría a anclar las expectativas de inflación”.

Es decir, el aumento del gasto público incrementaría el déficit comercial por generar una apreciación real a través de dos vías: por un canal financiero, en tanto el aumento de la demanda agregada impulsa un alza de la tasa de interés que desplaza inversión productiva y provoca un ingreso de capitales especulativos desde el exterior; y por un canal comercial, bajo la premisa de que el déficit fiscal también impulsa la inflación, aumentando los precios internos respecto al exterior.

Pero lo cierto es que el señalamiento del déficit fiscal como causal de la corrida cambiaria choca con hechos empíricos:

i) Si bien es cierto que en comparación con la región Argentina cerró 2017 con un déficit financiero relativamente alto (de 6% del PIB), Brasil tuvo un déficit de 7,8% del PIB y Bolivia de 6,3%, sin que se produzca una devaluación tan abrupta como la experimentada por el peso, frente al mismo contexto externo de suba de tasa de interés por parte de la FED;

ii) El déficit primario (que excluye el gasto en intereses de la deuda) se mantuvo relativamente estable durante los últimos tres años, en torno al 4% del PIB. Más aun, la baja del déficit en 2017 con respecto a 2016 implicó un cumplimiento de las metas fiscales proyectadas por el gobierno.

Restricción externa y déficit fiscal

Lo distintivo de nuestro país fue, en cambio, el incremento del déficit de Cuenta Corriente: en 2017 alcanzó el 4,8% del PIB, con un crecimiento anual de 2,2 puntos porcentuales (variación del 85%). En contraste, en la región este indicador mejora, o se mantiene estable, dependiendo el país. Es decir, no hay evidencias que el “cambio de humor” de los inversores financieros respecto a Argentina se deba al Resultado Fiscal, pero sí la hay respecto a su posibilidad de recuperar su inversión en divisas, fundada en el fuerte empeoramiento de las condiciones de sustentabilidad externa. Para mayor información se puede consultar la evolución del Indicador de Vulnerabilidad Externa que elaboramos en el OCEPP.

Por otra parte, en un plano más estructural, tampoco podemos decir que la restricción externa sea un producto del déficit fiscal.

En primer lugar, la tasa de interés no subió por un impulso de demanda, sino por una política del BCRA después de la devaluación de diciembre de 2015, en un contexto de caída de la demanda agregada.

En segundo lugar, el déficit de Cuenta Corriente creció especialmente en 2017 producto de la apertura de las importaciones, que se sumó a la elasticidad estructural entre el PIB y las importaciones y la muy baja respuesta de las exportaciones frente a la devaluación; finalmente, el ingreso de capitales especulativos promovido por la desregulación financiera engendró la corrida posterior, dado que estos fondos entran al país con el único objetivo de realizar ganancias en dólares al salir.

En conclusión, la propuesta del gobierno y del FMI es enfrentar el problema de la restricción externa mediante un ajuste en el consumo y la producción local. La caída de la demanda, que conduce a un cierre de la brecha externa, no es una solución, sino la expresión del límite impuesto por la restricción externa. Es por ello que las recetas de austeridad, la apertura financiera y el endeudamiento externo no contribuyen a solucionar el problema, sino que en definitiva lo agravan.

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Comentarios3
Pablo Orlandi
Pablo Orlandi 02/09/2018 12:14:45

"las recetas de austeridad agravan el problema" ma dieu...

Diego Lu
Diego Lu 13/06/2018 11:20:37

¿Asi que uno de los problemas es la apertura de importaciones? ¿Quien lo manda a este payaso? ¿Kichilof?

Limpieza Ciudadela
Limpieza Ciudadela 13/06/2018 12:25:20

Diego Lu: Se ve que el Kichi también le escribe los libretos al impresentable de Donald Trompeta con toda esa basura de "America first", "compre nacional" y huevadas por el estilo...