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¿A lo Bilardo, "perdón Pugliese"? Vanidades en llamas o moralejas del mercado

Víctor Martínez y Ricardo Alfonsín

Víctor Martínez y Ricardo Alfonsín

"Les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo" es la paradigmática frase de Juan Carlos Pugliese, ministro de Economía del gobierno de Raúl Alfonsín, para graficar su “decepción con los mercados”: exportadores que especularon con sus divisas impulsando la corrida cambiaria que culminaría en la hiperinflación que hizo caer la gestión radical en 1989. Pugliese quedó estigmatizado como inoperante e ingenuo; más si se quiere, hasta zonzo: ¡cómo se le va a hablar con el corazón al mercado! Es obvio que piensan en el bolsillo – su bolsillo.

Curiosamente, poco y nada se trata de la situación inversa. Es decir, cuando el “mercado” les pide “con el corazón” a los demás que “no piensen en el bolsillo”. Aunque pueda parecer extraño, esa solicitud es bastante habitual en la prensa por parte de economistas que de alguna manera se presentan como intérpretes o conocedores de lo que necesita, piensa o quiere “el mercado”. Es cuando “el mercado” le solicita a los “políticos” que piensen en el bienestar general, en todos, para que le creen el ámbito “propicio” para poder hacer su tarea económica y resolver la crisis económica que la injerencia política ha creado. Y a “la gente” que no les crea a los políticos y acepte las buenas intenciones del mercado: “ayúdenme para que pueda ayudarlos”.

En este medio esa senda analítica ha sido retomada recientemente por Claudio Zuchovicki en su artículo “El sistema político vive su hoguera de las vanidades y los mercados vuelven a latir”. Describe el escenario actual en el mercado argentino haciendo paralelismo con el libro de Tom Wolfe "La hoguera de las vanidades" que narra una tragedia en la cual todos los involucrados buscan ver qué pueden ganar de ella. Zuchovicki sintetiza la situación con estas palabras: “Todos tratan de maximizar su beneficio sin detenerse a pensar jamás en la posibilidad de que al hacerlo estén afectando a alguien más, o imposibilitando que eventualmente se alcance un desenlace justo.”

Sorprende el tono condenatorio en esta frase porque podría haber sido extraída de un manual moderno de economía. ¿Qué se define como el mercado si no precisamente eso? ¿Desde cuándo en la definición de “mercado” de los defensores del mercado libre existe espacio conceptual para pensar en alcanzar “un desenlace justo”, que no sea por medio de individuos sólo interesados en “maximizar su beneficio sin detenerse a pensar jamás en la posibilidad de que al hacerlo estén afectando a alguien más”? Que se crea en una mística mano-invisible que haría que de estos comportamientos individualistas surja el mejor de los mundos –o uno de los posibles – es otra cuestión. Por el contrario, el argumento es que la magia de la mano invisible aparece precisamente por ese comportamiento individual.

Más llama la atención que el autor, en base a usar la situación tratada en el libro como alegoría de lo que pasaba en Argentina, afirma: “Esta hoguera de vanidades, a mi gusto, llevó al mercado a vivir con una insuficiencia cardiaca importante”, para luego pasar a la común comparación en esta línea de análisis de comparar al país con un paciente gravemente enfermo. Para el autor, el acuerdo con el FMI al terminar con la volatilidad financiera sería sólo el primer paso de estabilización del paciente. Parecería entonces que estaríamos ante “un mercado” tremendamente moralizado y moralizante, sólo capaz de sobrevivir en un contexto de alta eticidad.

Este tipo de análisis denota otra tremenda deformación de la verdad histórica del capitalismo. Los mercados se han desarrollado siempre –empezando por los actores de los “países serios”– en ese ambiente que el autor cree propio de “paciente terminal”. Cualquier historia de los mercados ingleses, franceses, holandeses, españoles, portugueses y estadounidenses estará primeramente cargada de infinitos episodios de corrupción, contrabando, compra de favores, fraudes, conquistas y colonización, imposición de privilegios de mercados, y todo lo demás que se quiera. Desde la paradigmática imperialista multinacional por acciones Compañía de las Indias Orientales británica hasta el reciente episodio de la venta de créditos hipotecarios “poco confiables” que dejó millones en la calle en Estados Unidos. O los escándalos climáticos de ExxonMobil que desde 1970 financiaba artimañas (lobby, organizaciones, propaganda engañosa, etc.) para negar los efectos de sus actividades sobre el calentamiento global buscando deslegitimar el Protocolo de Kyoto. 

Wikipedia enumera algunos pocos escándalos de insolvencia grandes corporaciones desde la caída del Banco de Medici en 1494 y la minorista australiana Dick Smith en 2016 (https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_corporate_collapses_and_scandals), siendo que 32 casos son del presente siglo, para luego presentar información y links a otras listas de casos semejantes.  Todos los “países serios” hacen sistemáticamente honrosa aparición. Además de los ya mencionados anteriormente, están Suiza, Alemania, Canadá, Italia, Portugal, Suecia, Irlanda. De todas formas, indiscutiblemente, el liderazgo es anglo-sajón.

Por todo eso es que el historiador francés Fernand Braudel define como capitalismo “el anti-mercado”, el encuentro del poder económico con el político para obtener posiciones de beneficio exclusivas, es decir, fuera del mercado. De hecho, es lógico: la teoría económica de mercado afirma que en él sólo puede obtenerse un lucro “ordinario”. Por eso también es curioso que altos funcionarios de este gobierno, empezando por el presidente, presenten sus fortunas personales como credenciales de su conocimiento del funcionamiento del mercado. Bah, del mercado puede ser, porque participan en él; pero no del “mercado libre atomizado” al que está sometido el kiosco de la esquina. Ese agente económico, obligado a competir así, jamás amasó, amasa ni amasará fortunas.

A ojos del “Boca-River” nacional, este argumento cae como de “izquierda”. Es curioso; porque es la propia historia del capitalismo –y tampoco significa que sólo “en el mercado” se registran estos comportamientos. Pero qué capitalismo puede esperarse si se reniega esta parte importante -porque tampoco es toda– de su historia. Y también de su presente, como todos los diarios del mundo nos dicen. Quien más rechaza gobiernos izquierdistas, más debe aceptar a los mercados tal como son en realidad. Quien desee un mercado capitalista formado por carmelitas descalzas...

Resulta extraño cómo se niega esta realidad evidente en un país que todavía se burla de un ingenuote que le buscó el corazón al mercado. Quizás como sucedió con el vapuleado Bilardo antes del Mundial de 1986 cuando regresó con la copa, muchos estén queriendo gritar: ¡Perdón Pugliese!

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Comentarios2
Gerardo Martinez
Gerardo Martinez 14/06/2018 01:03:14

buena nota. Santiago Gancedo: La nota se refiere al uso de la palabra "mercado" como algo neutro que busca interes publico. En la mayor parte de las veces se usa "mercado" para defender intereses del sector financiero.

Santiago Gancedo
Santiago Gancedo 13/06/2018 04:37:32

El "mercado" son simplemente personas haciendo transacciones libremente, asociarlo a "las corporaciones" "al poder económico"..etc denota ignorancia y resentimiento.